Miradas sorprendidas, miradas inquisitivas. Estamos más allá del objeto. Nunca dejamos de escudriñarlo, de admirarlo, sacude nuestros prejuicios, desmorona nuestras certezas. El reloj desestructurado como objeto de contemplación, de arte, de reflexión. Se necesita audacia para liberarse de la tiranía de la costumbre. Los puristas lo habrán comprendido: el reloj es hipnótico, el tiempo no es más que el movimiento de una manecilla perpetua.
